‘1 Year Station’
GD Fic
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—¡It’s amazing!
Kwon Jiyong se encontró maravillado, absorto, incrédulo. No esperó sorprenderse tanto con una vista desde la torre de Seúl. Creía que nada podría superar la vista hermosa de uno de las estructuras más representativas de su país.
Se equivocó.
El cuadro parisino que se pintaba desde la punta de la Eiffel, fue magnánimo, indescriptible y digno de ser guardado en la memoria. Jamás una fotografía –aún la más profesional-, podría hacerle justicia a la sensación vertiginosa y excitante de estar allí arriba y mirarlo por propia cuenta.
—¿Vale la pena? –preguntó Ela, cautivada por el paisaje que, a pesar de no ser la primera vez que lo viera, no podía eludir su efecto.
—Cada segundo.
El líder de BIGBANG no pudo dar ningún otra respuesta, mudo e incapacitado para compartir alguna opinión más elaborada, ocupado sólo en disfrutar de la perfecta organización topográfica de la ciudad, tan perfecta y alineada, tan sincronizada y armoniosa.
Extraordinario.
Bajaron después de un rato de contemplación, el que el cúmulo de turistas y el tiempo otorgado por la benevolencia y antojo de los guardias les permitieron. Desde abajo, la estructura se veía tan inmensa y a su vez su existencia tan diminuta. Como nada. Tan frágiles, tan insignificantes.
—¿Café? –ofreció Ela a Jiyong, que como embobado y apenas saliendo de como un trance, miraba la torre con devoción arrebatada.
—Sí.
Ela sonrió por su sensibilidad, su alma creativa seguramente había experimentado una verbena festiva que le llenó el espíritu. Esa debilidad por lo bello. Vació entonces café en la tapa del termo que llevara a su excursión de ese día y se la ofreció a Jiyong, que bebió feliz de estar sentado en ese césped, bajo la sombra de ese imponente monumento, y agradecido por la idea de su amable guía de tener un picnic en los sosegados territorios de Champ-de-Mars.
Aquel día para la buena fortuna del compositor, el clima esquizofrénico de la ciudad les regaló un día si bien no soleado en su plenitud, si templado y libre de nubarrones grises, habituales amigos del vivir parisino.
No lo fue sin embargo, el día en que visitaron Montparnasse al mediodía, que más parecían las seis de la tarde. Desde temprano, el clima se antojó lluvioso, incluso cuando Ela se dispuso a salir de casa para encontrarse con Jiyong aún caían las últimas gotas del cielo malhumorado y opaco; eso sí, no sin antes escuchar un memorial de Rose sobre los cuidados que debía tener por el clima como si fuera la primera vez que lloviese en París.
Ela tuvo que esquivar los charcos a riesgo de mojarse los pies a través de la tela de sus botas tejidas de lana. Las baldosas frías y empapadas marcaban su paso y lo desvanecían, haciendo eco de su andar, las gotas que se suspendían de las hojas de los árboles, aferrándose hasta sus últimas fuerzas y encontrando su final en la humedad del concreto.
Lo divisó en el cruce del boulevard Montmartre, cerca de la panadería de su segundo encuentro. Llevaba un abrigo negro hasta el cuello, los vistosos botones en color dorado brillaban como estrellas alineadas en una constelación; definitivamente nunca perdería el toque fashionista e inherente a su personalidad. Ela sonrióse vencida, no era posible deshacerse de ese lado suyo que le hacía intuir a las personas, y de intuirlo a él… as always.
—Hasta que llegas –reclamó alzando la cabeza entre el abrigo-. ¡Hace mucho frío!
Y más que ofenderse por la reprimenda, Ela se echó a reír notándolo “bailar” sobre sus pies en un intento por aplacar el frío cruel que parecía querer llegar hasta los huesos.
—Si quieres ya no vamos. –jugó la chica encogiéndose de hombros, cual si no importase.
—Ya quisieras –alegó el líder-. ¿Dónde iremos hoy?
Ya no le sorprendió.
Al pasar de los días, mientras compartieron tiempo juntos, Ela y Jiyong tomaron confianza; se hicieron amigos. Tal como los niños que entablan amistad en el parque de juegos, ellos fueron desenvolviéndose tal como eran, mostrándose a sí mismos, así, naturalmente.
Ya no era cosa rara mirar a Ela siendo sarcástica y sinceramente directa con Jiyong, así como no era extraño encontrar al joven compositor jugándole bromas a su compañera, ni mucho menos tratándole como a su igual, lo que le daba derecho a reprenderla, jugar con ella o armarle berrinches. Tal como era. Verla como su igual significaba sencillamente, dejarse ver transparente, como Kwon Jiyong, el ser humano.
—Montparnasse.
—¿Qué es ese lugar?
—Un barrio de París, semejante a Montmartre.
—Oh.
Ela sospechó que ese “Oh” significaba un “Quedé igual, explícalo”, por lo que durante el trayecto que hicieron en el subterráneo, la chica expuso a grandes rasgos la ubicación e importancia de Montparnasse, lo que significaba para la ciudad luz, y para su determinado contexto histórico.
—¿You are kidding me, right?
Ela se carcajeó. Los ojos color avellana de Jiyong, sus hermosos ojos cafés, destilaron total incredulidad y decepción. Ok, eso no es lo que había pensado cuando su amiga le hablara de Montparnasse.
—¿Un cementerio?
—No es cualquier cementerio.
—Luce como uno.
—Pero no es cualquiera. –alegó Ela aburriéndose de la previa indisposición de Kwon a visitar el lugar.
—¿Y qué se supone que haremos…? ¿Ela?
Había desaparecido de su vista. Se asustó. Sin embargo, más que saberse perdido, era saberla ausente a ella, lo que le preocupó de momento. Volviéndose a todos lados, la descubrió como a una reliquia asomándose de entre las ruinas, levantando el brazo y agitándolo para que la viese a la distancia. Su ánimo se tornó aliviado al verla.
—No te desaparezcas así.
—No me desaparecí, fui a comprar esto.
El color fulgurante de dos azucenas blancas le hizo olvidar el enfado a Kwon, capturándolo con su belleza natural y aroma dulcísimo.
—¿Para qué quieres eso?
—Ya lo verás. –dijo Ela, dándole una de las flores y quedándose con la otra.
Entraron al Cimetière du Montparnasse, ese mismo que albergaba entre sus sitios de espiritual descanso, los restos de personajes ilustres para la historia y el pensamiento humano. Era como un laberinto, un dominó de lápidas lúgubres y pulcras luciendo su vestido en granito, mármol y concreto puro. Nombres, fechas, flores, fotografías y adornos –varios e inexplicables en sentido, sólo comprensibles para el remitente y el destinatario difunto, como un secreto vinculante que sólo el silencio podía ser capaz de descifrar-, engalanaban las criptas alineadas en esos perfectos senderos mudos.
Bajo el cobijo de ramas desnudas y esqueléticas, se izaban cruces como espectadoras guardianas, cancerberos velando por sus muertos, permitiendo el paso de los vivos a cambio de oraciones y una evocación memorial par sus dueños.
—Llegamos.
—¿Quién es?
—Léelo por ti mismo.
Jiyong lo hizo, intentando enmarcar el sentido aparentemente castellano de la pronunciación. Alzando las cejas, se volvió interrogante hacia Ela.
—Julio Cortázar, escritor argentino de nacionalidad, pero parisino de alma.
—Francés de alma. –corrigió el cantante.
—Parisino –afirmó la castaña-. Amaba París.
Jiyong asintió en acuerdo sin querer argüir algo que parecía sólo entender Ela y él evidentemente ignoraba. Contempló en su lugar la lápida, blanca e inmaculada en la que lucía ese nombre claramente, grabado en detalles dorados. Una lápida normal y sencilla de mármol, normal dentro de lo occidental; piedritas de río, un par de pesos argentinos, un listón de jazz, un cigarrillo a medio terminar.
—No puedo decir que lo conozca, en realidad no sé nada de él, pero supongo que todos estos presentes deben ser por algo que hizo bien; algo que regaló a las personas.
—Esperanzas, sueños quizá.
—Entonces sí hizo algo muy bueno –dijo Jiyong con un sonrisa satisfecha-, las personas necesitamos sueños y esperanzas para vivir en este mundo.
Ela sintió picar sus ojos, esa cosquilla que bien se conocía. Iba a llorar. Por sus palabras, por ese brío de alma, por el agradecimiento sincero en sus ojos hacia esa persona que ella admiraba tanto.
—¿Dejarás tu flor aquí?
La muchacha parpadeó espantándose las lágrimas, regresando su atención a la tumba de Cortázar y esperando que el aire frío y húmedo le atemperara las mejillas rojas y calientes.
—Sí. –apuntó Ela, y dando dos pasos al frente, se hincó y acomodó la azucena en uno de los vértices laterales de la lápida, haciendo un eje y margen que parecía encuadrar aún más el nombre del escritor, embelleciendo su título.
La aspirante a escritora sonrió contenta.
Jiyong también lo hizo.
—¿Dejarás también la tuya?
—¿Eh?
El joven líder miró su mano y la azucena que en ella acunaba, Ela había adquirido dos para que cada uno de ellos realizara su ofrenda. Jiyong lo meditó un poco. Contempló paciente los pétalos alargados de la flor, su tallo verde y extenso, el aroma dulzón que llegaba a su nariz sin necesidad de aspirar. Sus ojos miel volvieron a la tumba de Cortázar y se le antojó hermosa y luminiscente. Viva. Entonces reparó en la lápida a su lado, una lápida lustrosa de granito de un color gris zafiro. Bella, pulcra y solitaria.
El contraste fue notable entonces para Kwon, que esbozando la sonrisa inocente de un niño enorgullecido porque sabe que hará una obra buena, se hincó ante la tumba aledaña a la de Julio; la pulcra, la limpia, la solitaria. Hizo una breve oración coreana y dejó la azucena en la losa anónima.
—Ya está. –dijo incorporándose, con la misma grande sonrisa en los labios.
Ela entreabrió los labios, deseosa de decir algo, cualquier palabra que externara su grata impresión por lo que acabara de realizar; no obstante, las palabras no acudieron y a la joven escritora no le quedó otra cosa que asentir y echar a andar de regreso por el sendero del cementerio con las mejillas arreboladas.
Por el clima frío, entraron a un par de cafetines durante el resto del día, después de hacer algunas caminatas por el boulevard de Saint-Michel, la Universidad II de París: Panthéon Assas, Luxemburgo y la Sorbonne, terminando en el boulevard Saint-Germain, donde Jiyong quiso ir a Notre Dame, pero como ya era bastante tarde, Ela propuso ir otro día con más calma.
—¿Dónde hay una sucursal de ladurée? –preguntó Jiyong un miércoles por la noche en que regresaban a casa, caminando por el sendero de los privados que rodeaban Sacre-Cœur.
—Hay uno en boulevard Haussmann, no está muy lejos de aquí. Podemos ir de paso cuando visitemos algún otro lugar. Digo, si aún quieres pasearte por la ciudad.
Ela era consciente de que los días de escurrían como agua, que prácticamente Jiyong estaba a un paso de subirse al avión que lo llevaría de vuelta a Corea, y que mientras no perdiera eso de vista, relativamente podría lidiar con ello. Si bien se había hecho a la idea de que no podía ir en contra de la corriente de sus propias emociones, eso no significaba que le diera rienda suelta. Jiyong se iría, estaba de paso por París, no se quedaría para siempre; y por más que la fortuna le regalara una coincidencia tan extraordinaria como esa de conocerlo y entablar amistad, eso no lo haría permanecer en un lugar que no era el suyo.
—Obvio, quiero aprovechar el mayor tiempo posible para conocer París –desvaneció toda duda-. Mañana tengo una cita de trabajo al mediodía con un diseñador que radica aquí, pero después podemos ir. ¿Me llevas? Alguien me pidió eso.
Ela sonrió pensando en Chaerin y asintió, marcándolo en su agenda mental.
—¿Cuándo se va? –cuestionó Rose a la mañana siguiente, que mientras almorzaba veía el ir y venir de Ela por la estancia, apurada por terminar deberes de la Universidad y de la Revista antes de salirse a “vaguear” como ya le había dado por hacer la última semana y media.
—¿Quién?
—Ela, no finjas demencia. ¿Quién más va a ser? El dragoncito.
La castaña soltó una risa por el sobrenombre que Rose le diera a Jiyong.
—En dos días.
—Ya casi.
—Sí, ya casi.
No tocaron el tema otra vez, no hasta esa última noche en que Ela entró al departamento y suspiró al cerrar la puerta. La sonrisa fingida que atisbó colgar de sus labios, le dijo que la hora de la despedida había llegado, y Rose a propósito había reservado esa noche para no salir de casa, consciente de que en algún momento tendría que estar a su lado.
Y como si el cielo hubiera decidido ser cómplice de aquél último día de Jiyong en París, las nubes se mostraron claras y discretas, como si sólo estuvieran allí para proveer sombra de vez en vez a los turistas, dando un descanso al sol brillante e intenso que alegre pasó desde el amanecer hasta ya agonizando la tarde. No hizo frío, el clima se antojó bastante templado y sin rastro de humedad o amago de lluvia. Declarado cómplice.
Fueron por fin a Notre Dame.
Entraron por el Pont d’Arcole, caminando derecho hasta llegar a la explanada llena de árboles coloreados de otoño que resguardaban en todo su esplendor, la catedral esculpida en detalles propios de la arquitectura gótica. Sus dos columnas solemnes y fuertes la hacían ver tan eterna e inmortal, que tanto Jiyong como Ela se mantuvieron en silencio por mucho rato en que se dedicaron a contemplarla, pensando quizá en las adversidades, hechos e historias de la Historia de la que seguramente fue testigo.
—¿Esas son las gárgolas que hablan? –señaló Jiyong a las múltiples guardianas talladas en piedra sentadas en los bordes más altos. Ela alzó una ceja.
—No hablan. ¿Dónde has visto eso?
—¿Disney?
—Ah. –comprendió Ela suavizando el semblante, como si toda explicación fuera ya innecesaria.
Se adentraron al recinto, y esa aura mística y espiritual que envuelve los templos se hizo sentir. Observaron el enorme vitral que era centro de la estructura, las imágenes, las esculturas en la inmensidad de la bóveda, el campanario en lo alto de las torres.
—Creo que yo no podría vivir en un campanario, sería demasiado solitario.
Ela miró a Jiyong y se preguntó si el idol hablaba en serio, creyendo verídica aquella historia de dibujos animados.
—Sí, supongo que deber ser solitario. –condescendió la chica, negándose a soltar la verdad acerca de aquel embrollo, un feo hábito suyo con el que había roto ilusiones, sueños y nubes rosas en varias ocasiones. Sin embargo, Jiyong insistía en el tema y Ela ya no se pudo morder la lengua.
—¿Nunca has leído “Nuestra Señora de París”?
Kwon negó.
—Es la historia original del “Jorobado de Notre Dame”, y créeme que no es nada bonita como la pinta Disney.
Aquello bastó para que la curiosidad del muchacho creciera, instándola a que le contara a grandes rasgos la versión de Víctor Hugo, cosa que debió haber lamentado más tarde.
—…y así, después de entregarla a la multitud por ese despecho que da a los amantes rechazados, el jorobado murió de inanición y tristeza al lado de los restos de Esmeralda, que murió quemada cruelmente al lado de su madre. Del apuesto Febo, sólo el recuerdo. No tuvo ni el valor de aparecerse por allí, obviamente.
Jiyong estaba pálido, con los labios secos.
—Acabas de arruinar mi infancia.
Ela pestañeó conteniendo la risa, no sabiendo si soltarla sería acaso lo menos sensato en ese momento, Kwon parecía bastante afectado.
—Te dije que no era bonito.
—Pues me hubieras dejado con mi versión rosa de Disney.
—¿Ups? –se disculpó Ela, no teniendo ya de otra. Igual pensaba que el idol estaba exagerando demasiado.
No obstante, mientras tomaron un poco de té en la explanada que cercaba Notre Dame antes de continuar su paseo, la chica notó el aura sombría y el prolongado silencio poco habitual en el líder de BIGBANG y supuso que la historia de Víctor Hugo de verdad le había jodido parte de la existencia. Admitió sentirse algo culpable.
—Hey, ¿Quieres ir de compras? Dijiste que llevarías souvenirs a tus amigos.
El semblante de Jiyong de pronto resplandeció, como si algo se hubiere encendido en su cabeza.
—Es cierto, me faltan algunos por comprar. Seungri… es decir, sería genial que camináramos por allí a ver qué encuentro.
Ela se sonrió por la mención del maknae, y también por haber conseguido que su amigo olvidase el episodio Creepy Pasta del “Jorobado de Notre Dame”. Establecido el itinerario, echaron a andar por las calles, internándose en los establecimientos que capturaban el interés del joven compositor. Afortunadamente, el paseo rindió frutos –en especial cuando entraron a un par de boutiques y galerías de arte moderno-, y Jiyong salió con varios de los souvenirs que le hicieron falta.
En un arranque de impulsividad, de esos que pocas veces se le daban a Ela –pero que Jiyong avivó con sus ganas de visitarlo-, terminaron en Versailles, a las afueras de la ciudad. Fue una visita demasiado rápida como para disfrutar en plenitud de su belleza y magia, pero daba la sensación como que el tiempo se escurría más aprisa que otros días anteriores, e hicieron lo que estuvo en sus manos por aprovechar adecuadamente el recorrido por la vasta propiedad francesa.
—¿En serio no eres guía de turistas? –preguntó Jiyong, al detallar con su mirada oscura la magnificencia del estanque de los Dragones.
—¿Por qué?
—Siempre tienes algo que decir sobre cada lugar. –apuntó el muchacho, siendo testigo de cómo ella hacía una mueca y pasaba de él para mirar mejor el Bassin de Neptune.
—Desde pequeña siempre me ha fascinado Francia y su historia, además de la mitología y la literatura. Es un defecto que no me puedo quitar, así que no te quejes.
—Y no lo hago –precisó Jiyong-. Me refiero más bien a que eso te hace más interesante.
Ela se sonrojó y Jiyong se dio cuenta de la manera en que había sonado aquello. Un levísimo carmín pinceló su expresión ofuscada.
—Quiero decir, tienes madera de guía de turistas.
—Oh, claro, lo tomaré en cuenta. –dijo Ela, evitando su mirada por el rato en que sintió miles de mariposas revolotear como desquiciadas en su estómago.
Cuando menos lo esperaron, la noche acaeció y se vieron en la necesidad de regresar a la ciudad. Jiyong quiso regresar a Montmartre caminando desde algún punto sensato, y su capricho le hizo solicitar a Ela detenerse a mitad del Pont Neuf para mirar un bote que navegaba por las resplandecientes aguas del Sena.
—Ya no pudimos subirnos en uno de esos.
—No –respondió Ela, leyendo algo en su voz-. Quizá la próxima vez.
—Sí. –concluyó él, aspirando fuertemente aire en sus pulmones.
Se recargaron en el barandal, observando la embarcación venir lenta y perezosa, dejando disfrutar a los pasajeros del panorama nocturno y refulgente de la acertadamente llamada “Ciudad Luz”.
En su distracción, la mirada de Ela recayó en las manos de Jiyong. Esas manos blancuzcas tan suyas, con esas formas tan características que permanecían en su memoria y que reconocería en cualquier lado. Sus dedos, la forma de la luna de sus uñas cortas y transparentes, el largo de sus dedos…
—¿Ela?
La escritora despertó de su contemplación.
—¿Ummm?
—Decía que me he divertido mucho estos días, gracias por dedicarme tu tiempo. He hecho hermosas memorias.
—No es nada, yo…
Un infantil escándalo hizo mella en las palabras atoradas en la garganta de Ela y ambos se volvieron a su fuente originaria. Desde el bote que por fin llegaba al borde del puente en que se hallaron, un par de niños rubios les hacían señas con sus manos, emitiendo gritillos emocionados por ver a esos extraños en el puente por el que pronto cruzarían. Jiyong se unió a sus juegos y comenzó a agitar sus manos con energía, dedicándoles despedidas en su idioma natal y repartiéndoles sonrisas que sólo a sus fans daba.
Y Ela no pudo más que sonreír con alegría. No podía arruinar el momento, su momento juntos antes de que él partiese; de nada le valían las explicaciones y los porqués si al final de la jornada el resultado seguiría siendo el mismo, mejor disfrutarlo y grabar esas valiosas memorias en el alma sin complicaciones. Era simplemente vivir.
El bote se perdió bajo el puente, desapareciendo de su vista. Ambos suspiraron felices y Ela sugirió avanzar en el camino, a lo que el idol estuvo de acuerdo. La siguió en su andar, retrasándose un poco, sólo un poco, dos pasos. Sus ojos avellana seguían enganchados al resplandor de las ondas que se expandían sobre la superficie del agua, y no fue hasta que sintió a su amiga un poco más lejos que apresuró el paso. Entonces, su mirada se dejó caer sobre la mano izquierda de ella, que se balanceaba desinteresada a su costado. Sintió la necesidad de alcanzarla.
Sin pensar muy bien lo que hacía, y probablemente llevado por esa aura prodigiosa que sólo París posee en el mundo, Jiyong tomó su mano. No con fuerza, fue solamente un toque, tan etéreo que Ela apenas y lo sintió. Sus dedos, índice y medio engancharon con suavidad el anular y el pequeño de la chica, siendo el contacto nimio y perfecto en que conectaron algo más que sus cuerpos. Tal vez su espíritu.
Ela no apartó su mano, no sintió la necesidad de hacerlo. Al notar Jiyong que no era rechazado en su impetuoso actuar, tampoco quiso apartar el gesto. Caminaron así por Rivoli, perdiéndose por las laberínticas callejuelas, mientras a lo lejos, a sus espaldas, era la izada y esbelta Torre Eiffel la que iluminada con esas luces centelleantes que la engalanaban por la noche, acompañaba su último paseo.
Jiyong volvió a Corea a la mañana siguiente, repitiendo el encubierto itinerario con el que llegara a Paris. Desapercibido, silente, enajenado.
Y las pesadillas de Ela, desaparecieron. Aquel desagradable sueño que la seguía noche a noche se desvaneció.
Como si nunca hubiera existido.
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NA: ¡Feliz Año Nuevo! Deseo de corazón tengan un buen año y la determinación y las buenas energías para lograr todos sus propósitos, cualesquiera que estos sean. Lo mejor, para todos ustedes :)
Por otra parte, espero que hayan disfrutado de esta Page, que nos marca un punto crucial en nuestra historia, hemos llegado a uno de los puntos cúspide, que es la mitad del fic. De aquí en más, vamos al desenlace enredado que nos llevará al esperado desenlace, ojalá me sigan acompañando. Ya saben, cualquier comentario, opinión o duda, pueden dejarme un ask, o mensaje ^^
Nos vemos en un próximo~
@SolBronte
¿And?
“Tonto Seungri”
Seungri Drabble
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Sus ojos pestañearon dos, tres, cuatro veces. Con una pincelada de incredulidad, frunció el entrecejo ante la visión.
—¿Qué rayos es eso?
—Honey~
El gesto de Laura se acentuó más al no escuchar respuesta satisfactoria.
—No quiero saber de dónde lo sacaste, o a quien se le ocurrió obsequiártelo.
—¿No es lindo?
—¿Alguna vez me responderás sin dar tantos rodeos? –contrarrestó la chica, enjarrando sus brazos en la cintura.
—Jiyong hyung –confesó quitándose el accesorio de la cabeza-. Pero debes aceptar que es lindo.
La sonrisa inocente que alargó el maknae logró remover algo en el estómago de Laura, recordándole el porqué de su debilidad por él. Tonto, Seungri.
—Si nada más falta que te pongas a bailar el “payaso de rodeo” o una cosa así –murmuró la castaña, removiéndose los cabellos con desquicio. Sabía que cuando su querido se aficionaba a algo, no lo haría entrar en razón con nada. Y a ese sombrero texano, parecía que le comenzaba a tomar afecto. No le extrañaría en absoluto que estuviese pensando en usarlo en el próximo encore.
Nota mental: Decirle a Sol que le prohíba a su adorado novio comprar cosas ridículas, o por lo menos que evite dárselas a Seung Hyun.
—¿Desayunamos ya? –presionó dejando de lado el tema del jodido sombrero.
Seungri asintió y con una sonrisa grande aventó el objeto de sus delirios en la cama, saliendo después detrás de su chica, siguiéndola por las escaleras para bajar a la cocina, desde donde se podía percibir el aroma dulce de unos hot cakes recién hechos.
—Darling… -llamó el maknae, haciendo una pausa después de tragar en gran bocado que con el tenedor embarrado en miel de maple, se llevara a la boca.
—¿Sí? –atendió Laura con distraído interés.
—¿Qué es el payaso de rodeo?
…
Tonto, Seungri.
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NA: ¡Merry Christmas, Lau! Te dije que los leerías a su tiempo, y he aquí mis primeros regalos de navidad <3~ Espero te haya gustado, es el primero que te hago totalmente dedicado a tí en toda la extensión de la palabra, más allá del ‘about a girl’ de hace tiempo :3 Te quiero muchísimo, Rose~ de verdad, te tengo en mi más sincera estima. Siempre lo mejor para tí, que la fortuna nos sonría este año venidero y los que le siguen. Muchos abrazos cariñosos ^O^
See you later… ¿And?
“Mis regalos”
Taeyang Drabble
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—¿Dónde están?
—¿Qué?
—Mis regalos.
—¿Qué regalos?
—Lo que me trajiste de UK. ¿Dónde están?
Young Bae parpadeó, preguntándose si su adorada novia no terminaba de despertarse, o si tenía aún la cabeza en medio de términos farmacológicos de finales de semestre. Al entrar a casa, la encontró bajando las escaleras rumbo al recibidor, adivinando que al escuchar el ruido del motor de la camioneta de la agencia se habría alertado pensando que era él llegando de su viaje.
No obstante, en lugar de ser recibido por un abrazo o una palabra de bienvenida, era interrogado por “sus regalos”.
—Sí, yo también te extrañé, Bettylu.
La chica entendió la indirecta de su novio y sonriendo encantadoramente, fue a abrazarlo largamente, prodigándole cariños para que le perdonase su insensibilidad.
—Obvio te extrañé, tonto.
Con ello bastó para que Young Bae se contentara y olvidara la “ofensa” de su prometida, entrando de lleno con ella a la sala, en donde olvidó un ratos sus maletas y demás equipamiento. La joven de cabellos ondulados observaba con ojos brillantes las cajas color arenas que se apilaban una sobre otra junto a la mesilla en que descansaba la fotografía de las vacaciones pasadas a Filipinas.
—¿Tienes algo de café?
Betty salió de su ensimismamiento y Young Bae notó su inusual distracción pero no hizo mucho caso, creyendo que se debía a la somnolencia propia de las siete de la mañana. El bailarín fue a la cocina con ella y observó atento cómo ella iba y venía entre la cafetera y la alacena para alcanzarle una taza de humeante café con un hilo de leche. Tae adoraba eso.
Le platicó de su viaje, de su estancia y de los sorprendentes conciertos en el Wembley Arena; hablaba emocionado, como si recordándolo lo estuviese viviendo por segunda vez. Bettylu –como él le decía cariñosamente-, le escuchaba atenta y callada, colgándose de sus palabras y contagiándose de sus excitantes vivencias, deseosa de haber podido estar allí con él.
—… y entonces Jiyongie quiso ir a un bazar underground y allí encontré cosas que no creerás.
—Y casi te trajiste media tienda. –acotó con humor la muchacha.
—No tanto así.
—Vi las fotos. –alegó Betty, refiriéndose a las imágenes de su novio con su gran equipaje en el aeropuerto circulando en la red.
—Pero no fue media tienda.
—No me imagino cómo habrá regresado Jiyong. ¿No rentó un jet privado o algo así?
Young Bae rio por la broma en alusión a su mejor amigo y su manía de comprar ropa a granel.
—No. –le hizo saber antes de abrir todas las cajas y mostrarle su contenido.
—¿Y dónde están? –inquirió la chica al ver los contenedores casi vacíos.
—¿Qué?
—Mis regalos.
—No hay regalos.
—¿Trajiste media tienda y no me trajiste regalos?
—Eh… no.
Betty abrió los labios para decir algo pero se calló. Típico de los hombres, se acuerdan de medio mundo menos de lo importante. Young Bae, sonrió al notar los labios fruncidos de su novia. No pudo evitar robarle un beso improvisado, nadie la mandaba a ser tan molestamente adorable.
—¿Eso por qué fue?
—¿Tu regalo?
Betty frunció el ceño, incrédula.
—Lo dejé en el coche. –confesó Tae, pintando en su faz un gesto tan encantador que su novia no pudo hacer otra cosa que echarse a reír.
—Más te vale. –amenazó fingidamente, para ahora ser ella la que se acercara a robarle un beso.
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NA: ¡Merry Christmas, Betty! Un cortísimo y pequeño obsequio de navidad, ojalá te haya gustado :) Mis mejores deseos para tí este año venidero y como te me haces una niña tan linda, espero seguir conociendote mucho. Muchos abrazos cariñosos ^O^
See you later… ¿And?
“Su día libre”
TOP Drabble
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—Luce…
—¿Qué quieres?
—Estoy aburrido.
—Sal a pasear.
—No quiero.
—Entonces no salgas.
—Me aburro~
—Come algo.
—No hay nada en la nevera. ¡Vamos al súper!
—No puedo, estoy ocupada.
—Luce, es mi día libre.
—Estoy ocupada.
—¡Es mi día libre!
Lucero suspiró y dejó de remarcar el lápiz digital en la tableta conectada a la enorme pantalla del ordenador de su estudio. Armándose de paciencia se giró en su silla estampada con detalles pop art –regalo de Jiyong en su anterior cumpleaños-, y miró a su prometido sentado en el sofá acondicionado para visitas indeseadas en esos momentos que la disciplinada diseñadora se dedicaba a trabajar cuando los destellos de grata inspiración le llegaban como del cielo.
—Seung Hyun, estoy trabajando en algo importante –comenzó Lucero con voz suave, como si se dirigiera a un sensible infante-. Prometo que en cuanto termine esto, saldremos a pasear. ¿Ok?
Y dado por sentado que su amado habría comprendido su solícita petición, volvió a girar su silla y centró sus ojos oscuros a través del cristal de sus lentes de trabajo, en la pantalla; retomando con sus diestros dedos las líneas oblicuas y transversales en el trazo de su imagen palpitando entre colores vivos y armónicos.
—¡Luce, es mi día libre!
La demanda en voz barítona de Choi Seung Hyun desgarró tan se súbito el silencio de su concentración, que la mano de la chica tembló y un rayón de aproximadamente seis centímetros lució rebelde en el diseño de su imaginación creativa.
Mancillado.
Con el aire que contenían sus pulmones, Lucero gritó como una loca. Frustrada, harta, desquiciada. Seung Hyun se llevó las manos a los oídos a riesgo de que se le reventaran los tímpanos. Ni siquiera se inmutó, contando treinta segundos en los que su garganta se saldría de control y paulatinamente, volvería a la normalidad.
Por el ceño fruncido en su frente, y por la que desordenadas caían mechas deslavadas de su pelo suelto, Seung Hyun adivinó que su crisis había pasado.
—¿Vamos al super? –inquirió el muchacho.
—¿No me dejarás en paz, cierto?
—Es mi día libre. –argumentó el rapero, encogiéndose de hombros.
—Tu jodido día libre…
Y sin agregar más, Lucero guardó los avances que tenía y apagó el ordenador. Tomó su chaqueta del perchero y se la puso, acomodando diligentemente el cuello de la prenda. Lista, salió del estudio, consciente de que Seung Hyun salía tras ella con las llaves del coche tintineando entre sus dedos.
Maldito estafador, sabía que obtendría su capricho.
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NA: ¡Merry Christmas, Luce! Mi pequeño y diminuto regalo de navidad, espero al menos te haya hecho sonreír. Mis mejores deseos para tí este año venidero y siempre, siempre. Muchos abrazos cariñosos ^O^
See you later… ¿And?
Lo sé, lo siento, soy una niña mala, pero no he tenido tiempo de escribir más escenarios.

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Pero lo haré pronto, lo prometo, sean pacientes.

Espero la próxima semana traerles uno nuevo.


De la lista, ¿Cúal les gustaría?

This is the BigBang Scenario´s list: - IV. “¿Quién eres tú?” -Seungri. V. “Un año después, lo vuelves a ver…” -Jiyong. VII. “Love me for me” (Insiprada en Money can´t buy me love by Se7en) -Jiyong. VIII. “Don´t Lie” - Seungri. IX. “Get another boyfriend” - TOP, Jiyong, Seungri, Taeyang, Daesung. * Longfic: I. “Private Emotion” -Jiyong x OC - Bien, entonces nos estamos viendo pronto :D Cualquier comentario o sugerencia, ASK ME!! xD Annyeong!I. “En tus días…” -Jiyong.II. “TOP nominado a un premio…” -TOP.III. “Sólo mírame a mí” (Inspirado en Just Look At Me) -Jiyong.VI. “Flechazo en el escenario…” -Taeyang.
Gracias por las sugerencias, las estare trabajando para compartirlas a ustedes. Gracias por el tiempo que se han tomado en leer estos escenarios, me alegra que les gusten =)
Ya nos veremos en el proximo escenario que ya esta por salir :D Besos a todos!!

*Sol de Kwon*
‘Just Look At Me…’
GD Scenario
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Miras al horizonte y notas que nubes grises comienza a aglutinarse en el cielo, tal parece que como el pronóstico del tiempo lo indicó aquella mañana, amenaza con llover. Y como buena chica de ciudad, no previste ni un paraguas.
Las primeras gotas de lluvia comienzan a caer y tu primera reacción es correr a un lugar cubierto. Allí, esperas a que el vendaval pase. El lugar que has escogido es una pequeña tienda de supermercado, optas por aprovechar y llevar algunos artículos a casa. Yogurth, leche, café, unas frutillas… Te detienes frente al exhibidor de revistas y tomas una que te interesa. Pasas las páginas distraídamente, emocionándote de antemano por lo que leerás si la adquieres.
Tus ojos se detienen en la página 33, reconociendo las facciones que desde que las viste por primera vez, no salen de tu cabeza ni para dormir. Es Jiyong. La nota habla de él.
Por un momento dudas en leer. Sabes que como puede ser algo bueno, como algo malo; por eso fue que dejaste de leer las notas relacionadas con él o con BIGBANG desde ya tiempo. Sin embargo la curiosidad te gana, motivada también por el hecho de que son tres semanas que no ves a Jiyong debido al tour del grupo a Japón. Y han hablado en ese tiempo, sólo un par de veces, algunos escasos minutos.
Estás consciente de que ellos regresaron ayer en cuanto los conciertos concluyeron. No te ha buscado ni te ha llamado pero tú lo entiendes, él aún está ocupado, pero lo hará en algún momento. Siempre lo hace. O siempre lo había hecho.
Tus pupilas se arrastran por la tinta impresa en el papel y tu corazón da un vuelco. “El reencuentro de G-Dragon y Mizuhara Kiko en Japón” Sientes que la garganta se te seca y los latidos de tu corazón retumban queriéndose salir de tu pecho. Tus ojos se mantienen fijos en el encabezado, negándose a continuar.
“Kiko… Jiyong…”
Sacudes tu cabeza, intentando apartar cualquier rara idea que quisiera formarse y cierras la revista. “No, Jiyong te ha dicho que no hagas caso de estas cosas”, te reprendes, volviendo a tu sensatez y reiterándote el por qué no lees revistas de celebridades.
Pero la inquietud sigue allí, y te armas de valor para leerte la nota entera. No es mucho, de hecho apenas un trío de párrafos, eso si con por lo menos tres fotografías. La nota cuenta cómo durante el tour por Japón, a pesar de sus muchas actividades el líder de BIGBANG se hizo tiempo para encontrarse con su “amiga”, comer y charlar un poco. Las fotografías hablan por sí mismas. En un lugar discreto y pequeño –de esos a los que ustedes van cuando Jiyong quiere privacidad y tranquilidad para disfrutar de un rato agradable-, se ve a ambos, uno frente a otro, aparentemente hablando animadamente. En otra de las imágenes, él parece estar sirviendo comida en un plato para ella; en una última, ellos van saliendo del lugar y Jiyong la toma por los hombros, dirigiendo con cuidado su caminar.
Cierras la revista de golpe, negándote a seguir mirando. Una punzada se atora en tu garganta y tu respiración se hace pesada. Vas a la caja y pagas tus artículos, sin esperar a si ha dejado de llover o no, sales del establecimiento y te diriges a tu departamento. El agua comienza a empaparte, pero tu ni la sientes, las ideas van y vienen por el caos de tu cabeza.
—Ellos sólo son amigos, ya me ha hablado sobre esto, que se junten para comer no tiene nada de raro. –murmuras por lo bajo a tu misma, como explicándote la situación.
Y es cierto, tu conoces el asunto que hay con la modelo Mizuhara, es amiga cercana de todos los chicos de BIGBANG, no es raro que se encuentren con ella de vez en vez, juntos o separados. Pero algo que te molesta. Realmente te molesta mucho.
“A pesar de sus muchas actividades el líder de BIGBANG se hizo tiempo para encontrarse con su “amiga”, comer y charlar un poco”
Desde que decidiste iniciar una relación con Jiyong, estabas consciente de que también estabas relacionándote con G-Dragon, la celebridad. Y siempre tuviste presente que debías ser comprensiva y paciente para muchas cosas, no obstante, eso no te impedía tener orgullo, y esto te lo estaba hiriendo. No tanto por el hecho de que se formaran chismes en torno a ellos, no era la primera vez, sino más bien por el hecho de que en tres semanas apenas y pudo hacerse espacio de llamarte dos veces por menos de cinco minutos.
A veces Jiyong lograba llegar a confundirte con sus acciones.
Llegaste a casa y te cambiaste la ropa empapada, miraste tu teléfono un millar de veces. Ni una llamada perdida, ni un mensaje qué leer. Tu espíritu inquieto valoró la idea de marcar su número. Desechaste la idea, ¿Y si estaba ocupado?
Al final llamaste, haciendo a un lado ese orgullo tuyo que siempre habías tenido. Total, ¿Qué podías perder?
—¿Hola?
—¿Ji?
—¿Chakia? Qué raro que me llames.
—¿Raro? ¿Te molesta? –soltaste a la defensiva.
—No, sólo he dicho que es raro. Casi siempre te llamo yo.
—Sí, quizá porque cuando intento hacerlo nunca me contestas, siempre estás ocupado, así que ni siquiera puedo llamarte.
Las palabras brotaban de tus labios sin pensarlas previamente, como si algo en tu interior se hubiese desatado con su voz. Él extrañado, preguntó:
—¿Te pasa algo?
—No. –excusaste-. Es decir, ya que han regresado de la gira y no me has contactado para saber si llegaron bien…
—Lo siento, chakia ayer llegamos temprano pero estuvimos en la agencia, de allí sólo fuimos a descansar y no pude llamarte. Prometo que iré a verte mañana
“¿Ni siquiera un mensaje de texto antes de dormir?”, reclamaste en tu mente, un nudo se formó en tu garganta.
—Olvídalo, entiendo, debiste estar exhausto. ¿Pero, estás bien? ¿Todos regresaron con salud?
—Sí, estoy bien, los muchachos también. Creo que ya sólo necesitamos unas vacaciones, en Japón no paramos ni un segundo.
—Claro…
Y a tu mente vuelven como ráfagas, las fotografías expuestas en esa revista que en la tarde leyeras. Tus ojos se llenan de lágrimas, pero no las quieres dejar salir. Por alguna razón sientes estar escuchando una mentira tras otra y eso te duele.
—Debo irme, el presidente Yang me está llamando desde el otro lado del pasillo. Te veo mañana.
—Bien… entonces, hasta mañana…
Lo siguiente que escuchas es el tono muerto de la línea. Él había colgado.
Sin embargo, el mañana llegó y Jiyong no se presentó a verte en tu departamento. Ni una llamada, ni un mensaje de texto. Nada. Lo esperaste desde mediodía, ilusionada de que en cualquier momento tocaría a la puerta, cosa que jamás pasó. Miras el reloj en la pared: 8.15 pm.
De nuevo, Jiyong posponía la cita. No se te hacía raro, no era la primera vez que lo hacía. Caer en cuenta de ello, te dio a pensar en esas ocasiones que igual que ahora, esperaste todo el día hasta que él llegase, y nunca vino, después de todo, él siempre lo arreglaba con una disculpa. Tú siempre decías: “Está bien, no te preocupes”, y le sonreías, olvidándolo todo.
—Y esta vez será igual… -murmuras apenas audible, dejando caer por fín las lágrimas que se acumularon en tus ojos.
Te sentías absurda. De lamentarte de algo que tú sabías de antemano. Ser la novia de una celebridad no sería nada sencillo, y tú lo sabías desde el inicio, entonces, ¿Por qué llorar? No obstante, ¿Eso también te prohibía tener un poco de orgullo? ¿Tenías que aceptarlo todo a pesar de que te hería? ¿Por qué él no simplemente leía a través de ti? ¿No podía verlo?
Las lágrimas no se detuvieron, muy por el contrario, corrían por tus mejillas como un delgado arroyo, la zozobra que sentías atorarse en tu pecho y tu garganta se fue desahogando de aquella manera. Por primera vez no querías ser comprensiva, no querías dejarlo pasar y simplemente guardártelo. Tenías suficiente.
De pronto, el timbre de la puerta suena y paras tu llanto de golpe, respingando del susto. Es él. Rápidamente secas tus lágrimas con el dorso de tu mano, y en un espejo junto a la puerta, intentas borrar cualquier rastro de tus lloriqueos. Respirando calmadamente, abres la puerta.
Pero no es él. Y tu sonrisa se desvanece.
—¿Hola? ¿Es mal momento? –escuchas preguntar a tu mejor amigo, ustedes se conocen desde la universidad.
—Hola, no, no, pasa. –le invitas y te haces a un lado para dejarle el paso libre.
Dentro, ustedes conversan un poco, y él nota tu estado decaído. Te sonsaca a que vayan a algún lugar más animado. Tú no estás de humor.
—Anda, vamos, así te olvidarás un poco de lo que te agobia. Es mejor que no pienses en ello ahora.
Su argumento termina convenciéndote, qué harás si te quedas en casa, ¿Seguir llorando? ¿Esperando ilusamente a que Jiyong aparecerá?
Tomas tu chaqueta y sales con tu amigo a divertirte.
Llegan a un club nocturno, no muy concurrido, pero lo suficiente animado para pasar un rato agradable. Ustedes toman una mesa en una la de las laterales izquierdas, allí se reúnen con más personas, algunos conocidos, y otros no.
Por un momento te sumerges en la atmosfera y olvidas esos sentimientos tristes que te envolvían, tu amigo te invita a bailar y tu accedes. Por varias piezas, te dejas influenciar por la música no pensando en nada más, cuando de pronto, sientes cómo eres jalada por el brazo de manera un tanto brusca. Tú no reaccionas de momento.
No es hasta que sientes que eres casi arrastrada a un lugar alejado de la pista, en alguna de las esquinas del club. Eres acorralada entre la pared y la mirada consternada de aquella persona.
—Jiyong… -musitas reconociendo sus facciones, notando sus ojos almendrados mirandote fija y seriamente.
—¿Qué crees que estás haciendo? –es la primera frase que sale de su boca. Tú estás apenas tratando de asimilar la situación-. ¿Qué haces aquí? ¿Y quién es ese?
El rompecabezas se forma en tu cabeza y recuerdas todas las respuestas a sus preguntas, pero además, tú tienes las tuyas.
—¿Y tú, qué haces aquí? –dices por toda respuesta.
—Eso no me responde nada. –insiste, presionando a que le respondas primero. Tú ruedas los ojos.
—Salí a divertirme un rato ya que nunca llegaste a verme. Él es un amigo.
Y como si una luz se hubiese prendido en su cabeza, Jiyong relaja su expresión, hablándote con más calma:
—Lo siento, de último momento salió un cierre de contrato y tuvimos que venir aquí. No fue mi intención no llegar, pero no pude evitarlo, fue trabajo de improviso.
El nudo en tu garganta se forma de nuevo, punzando como si quisiera ahogarte. Sientes un calor apoderarse de tus mejillas. Explotas.
—¿Y no pudiste avisarme? ¿No tuviste tiempo siquiera de teclearme un mensaje de texto? Puedes hacerte tiempo para todo mundo, ¿Pero no para mí? ¿Por qué siempre crees que voy a estar esperándote?
La mirada de Jiyong se vuelve impávida oyéndote hablar, de la misma manera que nota el brillo que se forma en tus pupilas.
—A veces no te entiendo Jiyong. ¿Quieres que confíe pero tú no confías en mí? ¿Quieres que crea, pero siempre rompes tus promesas? No es tan fácil como piensas. ¿Cuánto tiempo crees que estaré para ti?
—Chakia…
Jiyong se queda sin palabras. Sabe que lo que dices es cierto, pero jamás te escuchó decirlo, ni una vez. Entonces nota caer una lagrima que no lograste retener en tus pupilas, y su corazón da un vuelco. Él te ha herido, él te ha hecho sufrir.
Estando consciente de tu comprensión incondicional, Jiyong se da cuenta que quizá ha abusado de ello, de que en muchas ocasiones no se ha detenido a pensar en tus propios sentimientos. Él estar en ese club y mirarte entrar del brazo de otro sujeto lo sacó de sus casillas, viéndote sonreírle y compartirle tus palabras lo incomodó, observándolos bailar y tomar tu cintura como si nada, lo enfureció completamente.
Pero viendo tus mejillas humedecidas por el llanto, todo pasó a segundo plano, lo único que pudo él sentir es que le dolía el corazón. Con sus manos, enjuga tus lágrimas.
—Perdóname, por culpa de mi egoísmo… estás llorando. No llores, por favor…
Y como si sus palabras fuesen un bálsamo, paraste de llorar, pero no lo miraste a los ojos. Él te rodeó en un abrazo protector, sus dedos peinaron las hebras de tu cabello.
—He sido un tonto, lo sé y no tengo excusa, pero quiero que sepas que tú no eres igual a las mujeres que he conocido, simplemente eres única. Contigo me siento seguro, en paz, completo. Y siempre he creído que aunque yo no esté allí, tú estarás, por eso creo que he caído en este error. Sin embargo, no quiero perderte -___-, y aunque suene egoísta, deseo que sigas estando allí, aunque a veces yo no lo esté, porque te amo. Por favor, no dejes de pensar en mí… no mires a nadie más…
Y sus labios buscaron los tuyos.
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Espero lo hayan disfrutado, como yo al escribirlo :D
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See you, later…
‘Flechazo en el escenario…’
Taeyang Scenario
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Perfecta noche de viernes, regresas del trabajo hecha un lio, el stress de las últimas semanas prácticamente ha consumido la mitad de tu vida. Necesitas un cambio de ambiente.
Tomas tu móvil y marcas el número de tu mejor amiga, quien te dice que es imposible que salgan esa noche. Ni modo, tus otras amigas todas tienen actividades seguramente y ni te molestas en llamarlas. Te decides, como es una noche de sábado en la noche vas a salir por tu cuenta.
Estando en tu recamara mientras te liberas del traje ejecutivo, enciendes la TV y pasas los canales. Lo dejas en un canal local. Estando en el tocador escuchas la noticia:
“No te pierdas la presentación del talentoso Sol de BIGBANG en vivo, haciendo un concierto en solitario promocionando su nuevo single I´ll be there”
La noticia llama inmediatamente tu atención. Piensas: “¿Por qué no ir? El lugar donde ese artista se presentara está muy cerca de casa”.
Te preparas. Tomas una ducha para sentirte fresca, escoges tu atuendo de noche. Te vistes, te maquillas y te dejas el pelo suelto con una caída natural que te hace ver atractiva sin esforzarte mucho. Tomas las llaves del auto y sales de casa. Una vez que has llegado al club donde se hará la presentación del famoso idol, te diriges a la entrada.
No esperabas ver la cantidad de fangirls esperando por alguien, en fin, lo que quieres es pasarlo bien, tomar un trago, relajarte y bailar un poco. Dentro, suena un beat dance electrónico y el Dj anuncia mientras anima:
“La siguiente mezcla es del famoso grupo BIGBANG, de su último éxito en Japón: Number 1”
Sientes la energía que te transmite la música y te dan ganas de bailar. Llegas a la barra y pides un Cosmopolitan. Una vez que tienes el trago en mano, después del primer sorbo sientes la acción del vodka en tus músculos, te sientes más ligera y empiezas a bailar al ritmo de Number 1.
Te entregas por completo a disfrutar del baile, eres la reina de la pista. De pronto, sientes una mirada penetrante que proviene de la sección VIP del club, volteas y ves a un joven atractivo que sobresale de entre los demás, ya que esa sección extrañamente está vacía. Él viste una camisa sin mangas y un pantalón blanco, luce un característico mohawk. Sabes que sigue cada uno de tus movimientos con la mirada.
“Es la acción del alcohol, pero siento que aquí hace calor. No puedo dejar de bailar”, te dices mentalmente.
Ves que él se acerca a donde estás bailando y parece que el mundo se detiene a tu alrededor. Una vez que él está junto a ti, te toma por detrás de la cintura y empieza a bailar contigo.
Sientes una corriente eléctrica ante su toque, pero no sabes si es por la acción del alcohol o bien, por la emoción de estar bailando. Se quedan en esa posición el tiempo que dura un set de tres canciones, ya que él evito que lo vieras de frente, sólo sentías su cálida respiración en tu hombro. Cuando volteas para verlo a la cara y preguntar su nombre, él ha desaparecido.
Escuchas el bullicio, y ves que más y más gente se arremolina a tu alrededor. Entonces escuchas al Dj:
“Bueno, damas y caballeros presentes. Aquí el evento más esperado de la noche. Con ustedes, Taeyang con su single I´ll be there”
No estás tan lejos del escenario, ya que la presentación se está llevando a cabo en la tarima donde está el Dj. Todas las luces se apagan y ves que empieza un espectáculo de luces. Todos los presentes empiezan a vitorear.
Aparecen unos bailarines y la música que tocan es contagiosa. Centras toda tu atención en el espectáculo, cuando de pronto aparece la estrella. Notas que se trata del mismo hombre con el que bailaste hace apenas unos minutos, y empieza a cantar
Lo miras hacer una presentación espectacular. Sus pasos de baile perfectamente coordinados con los de los demás bailarines y su voz. ¡Dios su voz es lo más bello que has escuchado jamás! No sabes en qué momento tus pies se empiezan a mover por sí mismos y te llevan hasta frente al escenario. Una vez ahí, lo ves de cerca y él a ti. Sus miradas se entrecruzan por pequeño lapso de tiempo y sientes el mismo cosquilleo de minutos atrás.
No despegas tu mirada ni un solo instante. Él es consciente de ello y cada oportunidad que tiene te mira directamente. Después de varias canciones, la presentación termina y todo el escenario queda vacío, solamente queda el Dj tocando la canción que hace un momento se tocara en el concierto
Nuevamente acudes a la barra para descansar un poco, pides nuevamente otro trago
El bartender te da nuevamente un Cosmopolitan. Cuando te dispones a tomarlo, una mano masculina se te adelanta, y cuando volteas para reclamar, lo ves: Está nuevamente junto a ti. Te sonríe y se presenta:
—Hola, mi nombre es Dong Young Bae, espero que hayas disfrutado la presentación. Me gusto la energía que tienes al bailar. ¿Me haces el honor nuevamente de bailar conmigo, señorita… ?
Te presentas y bailas nuevamente con él. El tiempo ha pasado tan rápido que sientes que sólo fueron unos minutos. Llega el momento de irse a casa. Pero antes de eso, en un momento insospechado, Taeyang se acerca a tu rostro y te roba un beso. Lo sientes presionar suavemente sus labios contra los tuyos, y la sensación que has tenido a lo largo de la noche, con ese beso se ha multiplicado por mil. Se despide de ti, susurrándote:
—Vine para hacer una presentación, no pensé que me encontraría con una chica tan preciosa como tú, por favor acepta mi invitación de vernos nuevamente.
Te pide tu número de móvil y se marcha.
Días después, aún sientes aquel cosquilleo en la panza pero aún no ha llamado. Crees que todo fue un sueño y que así se quedará. De pronto, suena tú móvil y notas que en la pantalla dice número desconocido. Respondes y escuchas la misma voz que te cautivo días atrás, pero esta vez con un deje algo tímido y más tierno:
“Hola, soy yo Taeyang. ¿Cómo estás?”
Y, mientras hablas con él, sientes la misma descarga eléctrica de días atrás. Se ponen de acuerdo para verse nuevamente.
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*Idea de sugerida por @Dicasmor
¿Y qué les pareció? ¿Lo disfrutaron? Espero que si :D
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See you, later~~
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